Falsos mitos sobre el proceso catalán

La visión de parte de la izquierda estatal sobre el proceso catalán se ha levantado sobre dos falsos mitos. El primero es que el proceso es insolidario con las clases populares del Estado. Sin embargo, es posible hacer la interpretación inversa…

Por Albert Noguera Fernández

La democratización del Estado se encuentra hoy atrapada en un círculo vicioso. Por un lado, la manera de despertar la conciencia de la gente y su movilización para poder lograr una ruptura con el Régimen del 78 pasa necesariamente por una explosión de participación. El 15M fue ejemplo claro de ello. La explosión participativa en las plazas despertó la conciencia de muchos ciudadanos, hasta entonces pasivos.

Por otro lado, la manera de que se produzca una mayor participación requiere un incremento de la conciencia política y una reducción de la desigualdad social. La igualdad sustantiva facilita la participación efectiva de todos en los asuntos públicos.
En consecuencia, el círculo vicioso que dificulta avanzar en la ruptura democrática del Régimen del 78 es evidente: no podemos lograr más participación sin un cambio previo de la conciencia y la de­sigualdad, pero a la vez, no podemos reducir la desigualdad y aumentar la conciencia si antes no aumenta la participación.

¿Cómo salimos entonces de este círculo para poder transformar? En los 70, C.B. Macpherson, marxista canadiense hoy difunto, escribió que no podemos plantearnos el cambio total de uno de estos dos elementos para luego llegar al otro. Los cambios en el factor de la participación y en el factor de la conciencia y desigualdad, que parecen requisito previo el uno del otro, sólo pueden llegar recíprocamente y fase por fase, de manera que un pequeño cambio parcial en el uno lleva algo de cambio del otro, para luego repercutir de nuevo en el primero, y así sucesivamente. En consecuencia, dice Macpherson, no hay que esperar a que uno de los cambios sea completo para iniciarse el otro. Lo que hay que hacer esbuscar fallos en cualquier punto del círculo, buscar cambios parciales ya visibles o en perspectiva y potenciarlos para que actúen con efectos acumulativos y abran el camino de la ruptura.

Parece indiscutible que una ruptura constituyente en Catalunya abriría una grieta de inestabilidad importante en el régimen, des­mo­ronán­dose algunos de los principios fundamentales sobre los que levanta la Constitución del 78, dando lugar a la adquisición de conciencia para muchos de que ‘sí se puede’, abriendo nuevos focos de inestabilidad y participación en otros pueblos como Euskal Herria o reactivando la demanda constituyente en el Estado.

Cosmética constitucional

Una posible ruptura constituyente catalana no puede más que observarse desde la izquierda estatal como una oportunidad para abortar la actual estrategia de los partidos del sistema de cerrar el proceso democratizador abierto en 2011 mediante una reforma constitucional cosmética y poder romper el círculo vicioso que impide derrocar el Régimen del 78.

El segundo mito es que el proceso catalán es un proceso liderado por Mas, del que el resto de fuerzas políticas hacen seguidismo. Un análisis de los acontecimientos nos permite ver que CiU no es la vanguardia del proceso sino su freno. Cada vez que se ha podido producir un ‘suceso-clave’ para la ruptura, como fue el 9N, CiU lo ha frenado o desnaturalizado.

La burguesía catalana se encuentra atrapada en una contradicción. Aunque la transformación del sector industrial a favor del financiero-inmobiliario supuso un declive de su importancia y posición en el marco de las élites estatales y en la apropiación de la plusvalía estatal y la salida independentista representa para ella un nuevo modo de inserción en el capitalismo mundial, su naturaleza conservadora les impide llevar a cabo la ruptura, única vía posible para la independencia. Ello les lleva a una retórica independentista y una práctica timorata. Si algún día la ruptura constituyente se produce en Catalunya, será porqué la sociedad civil y los partidos a la izquierda del PSOE habrán desbordado a CiU y asumido el liderazgo del proceso.

Albert Noguera Fernández es profesor de Derecho Constitucional en la Universitat de València

Ilustración de Eneko

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