¿Favorece la continuidad de Mas a los independentistas?

Artur Mas no le hace ningún favor a la causa que dice defender ahora. Se ha convertido en objeto de disputa entre las fuerzas parlamentarias favorables al independentismo. Atrincherado en la presidencia de la Generalitat, su figura resulta extraña para una parte de los propios compañeros de viaje..

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Que Mas sea presidente catalán no gusta a la CUP, que deberá recurrir a un descenso de los pantalones hasta las sandalias para votar su investidura. Tampoco es santo de la devoción de una parte de ERC, que no consintió que liderara la candidatura conjunta y le relegó al puesto número cuatro.

Mas es un símbolo del pasado de CDC, de su historia de partido colaboracionista con el régimen con el que ahora se pretende acabar y clientelar en su propio territorio. Demasiado peso arrastra el dirigente en la mochila política como para entusiasmar a quienes no sean adictos a su persona y pongan por delante sus ideas a las personas que las encabezan.

El problema de CDC es que no tiene sustituto para ese liderazgo que tanta división provoca en las filas del soberanismo. ERC puede asumir otro trágala como el de la candidatura conjunta, pero con la CUP será necesario un embudo o un fórceps, como prefieran, para que apoye al presidente en funciones.

Desde el no independentismo, el análisis es obvio: si el debate hace espirales sobre la figura del político y causa zarpullidos entre una parte de los convencidos, ¿por qué razón no buscan otro dirigente que encabece el gobierno que debe poner en marcha la hoja de ruta secesionista?

Responder a esa pregunta es el quid de la cuestión. Que Artur Mas no gusta a la parroquia contraria a sus postulados es una obviedad por cómo ha conducido las cosas. Que también disguste a parte de los soberanistas es una disensión comprensible, pero de difícil resolución. Es obvio que si él no estuviera enganchado al poder de forma especial sería suficiente con que no aceptara el acta de diputado y diera paso a cualquier otro representante de la candidatura conjunta para presidir el Gobierno catalán en los próximos meses con más cohesión y unanimidad que la que concita ahora su figura.

Ni que decir tiene que el verbo dimitir o los verbos renunciar, retirarse o marcharse no forman parte de su vocabulario político. Aunque quizá fuera la mayor contribución que haría a su propia causa. Cuando alguien entra en estado de trascendencia pseudomesiánica acaba creyendo que es fácil abrir las aguas y caminar entre ellas. A Mas es posible que le esté sucediendo…

Autor: Xavier Salvador

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