La salida de Reino Unido de la UE, ¿perjudica o beneficia al soberanismo?

¿Cuáles son las consecuencias de la salida del Brexit para Catalunya? ¿Beneficia o perjudica a las aspiraciones de los independentistas? ¿Será más fácil conseguir allanar el camino hacia un referéndum sobre la autodeterminación en Catalunya? ¿Cuáles son las consecuencias para la economía catalana de la decisión de los británicos?..

AAhzOeL

Luis B. García

Si los efectos de la salida del Reino Unido se ven desde el primer minuto reflejadas en los batacazos de las bolsas asiáticas, el desplome de la libra y la sacudida de los mercados, es fácil pensar que para una nación como Catalunya con alma europeísta, los perjuicios se den desde el primer minuto. Los daños económicas son innegables tal y como señalaba este mismo viernes el conseller de Economía de la Generalitat, Oriol Junqueras, y podrían extenderse por un largo periodo de tiempo, de manera que “todo dependerá de cómo vayan las negociaciones” de las autoridades británicas con la UE. Pero “los próximos dos años serán complicados, con negociaciones complicadas y, según cómo vayan, será más complicado”, ha advertido. Pero en el plano político, la cautela se impone y, aunque desde el Diplocat han considerado el Brexit en parte beneficioso y en parte contraproducente, el conseller no se moja: “Es muy difícil saber qué puede pasar”.

Desde Catalunya se ha mirado con gran atención el proceso británico. Con la consulta de Escocia se abrió un melón del que el independentismo catalán quiere sacar tajada y hay quien considera el proceso de salida del Reino Unido una oportunidad, más allá de determinar cuál sería la opción más favorable para sus intereses. Hay quien apunta que la salida del Reino Unido de la UE sería beneficiosa para los intereses independentistas puesto que en una situación de inestabilidad europea podría ser más plausible que Catalunya encontrase un encaje diferente en el nuevo mapa europeo, un mapa que se vería más que afectado por un posible efecto contagio entre los países nórdicos.

Este escenario sería la confirmación de la gran crisis de la construcción europea, de la desintegración a partir de la renuncia de algunos de los Estados con más peso económico. Y en estas, el beneficio para las aspiraciones de secesión en Catalunya vendrían precisamente por el efecto contagio producido por el soberanismo escocés, que volvería a sacudirse y a demandar con más fuerza un nuevo referéndum lograr, esta vez sí, la independencia de Reino Unido. Pero no todo el mundo comparte esta tesis, de hecho, el secretario general del Diplocat, Albert Royo, señalaba recientemente que el Brexit podría acabar siendo contraproducente para los planes soberanistas.

En una entrevista en directe.cat, Royo aseguraba hace apenas unos días que tendía a pensar, “y a medida que tenemos contactos a nivel internacional se me confirma”, que “nos es mucho más fácil poner sobre la mesa el caso catalán en un momento de estabilidad a nivel continental”. El temor por tanto para los soberanistas es que ante una situación de crisis política, económica y de la construcción europea que lleva costando décadas, nadie quiera tener un problema añadido. “Hay mucho ruido y muchas prioridades por parte de los estados europeos y nuestra situación allí en medio corre riesgo de ser utilizada”, alertaba Royo.

La permanencia a la UE, la posibilidad de “vagar por el espacio sideral durante siglos”, en palabras del ministro de Exteriores García-Margallo, es un argumento usado una y otra vez a la hora de discutir los beneficios y desventajas de la independencia. El hecho de que los escoceses se queden fuera aun siendo claramente partidarios de la Unión puede ser un arma arrojadiza por parte de los contrarios al soberanismo catalán. Hay encuestas que evidencian que los partidarios de la independencia descenderían de manera significativa si este proceso supusiera la salida de la UE. En este punto, el oscuro futuro del proceso iniciado por el Reino Unido, con graves consecuencias sobre todo a nivel económico, acabaría por decantar la balanza de los catalanes hacia el no a la secesión.

Pero también hay quien recuerda que algunas encuestas señalan que cada vez tiene menos peso en Catalunya el argumento del miedo que supone verse privado de la condición europea y que el miedo a salir de la UE en caso de secesión no es tan determinante como hace sólo unos meses. Además, desde la consellería de Exteriors de la Generalitat se asegura que la UE tendría un papel pragmático en caso de independencia catalana, y para ello recuerdan los programas de rescate económico en la galopante crisis económica, la reunificación alemana, la salida de Groenlandia o el caso de la reforma de los tratados para el caso de Irlanda.

Hay que tener en cuenta que de las cuatro naciones del Reino Unido, Escocia ha sido la que con mayor fuerza ha votado a favor de la permanencia en la UE (65%), por lo que puede equipararse la categoría europeísta de los escoceses con la de los catalanes. Detrás de ellos, los irlandeses (un 62% han votado a favor de quedarse). Incluso los galeses han preferido el ‘remain’ (50,3%, pero allí donde se concentra la mayor parte de la población, en Inglaterra, el 48% votó por marchar. Escocia prefería quedarse pero sus autoridades pareciera que preferían que emergiera el Brexit puesto que la primera ministra y líder del partido nacionalista (SPN), Nicola Sturgeon, lleva meses insistiendo en que si Escocia apoyaba mayoritariamente la permanencia, como así ha sido, y el Reino Unido les arrastraba a fuera de la UE, pedirían un segundo referéndum de independencia, a pesar de que en el de hace menos de dos años el no se impuso con el 55% de los votos.

El conseller de Exterior, Raúl Romeva, señalaba precisamente este viernes que “era esperable que Escocia pidiera un segundo referéndum sobre su autodeterminación tras conocer el resultado a favor del Brexit “porque las reglas de juego han cambiado y se plantea un escenario diferente”. De hecho, ha querido caer en la cuenta de que se están reproduciendo los mensajes de “escoceses que votaron que no en el de 2014 y que ahora reclaman un nuevo referéndum para votar que sí a la independencia de Escocia y poder permanecer así en la UE”.

Desde el Govern consideran que a las aspiraciones soberanistas le conviene más un periodo de estabilidad en Europa pero el hecho de que los escoceses levanten la voz a favor de la independencia como fórmula de fidelidad a Europa puede cambiar la visión de los procesos de secesión en el seno de los Estados. Con este resurgir escocés se elimina de un plumazo un argumento que jugaba en contra de los independentistas: que se quisiera reabrir el debate sólo dos años después de haber perdido el referéndum y que en el fondo se pedirá un referéndum permanentemente hasta que se gane.

Aún así, el nuevo proceso escocés, como el catalán, se vería de nuevo con dificultades. En primer lugar, es difícil que Londres estuviera dispuesta de nuevo a permitir una consulta. La diferencia de nuevo vuelve a estar en la unilateralidad. Si se celebrase de nuevo un referéndum en Escocia, la UE vería con buenos ojos la oportunidad de recuperar un Estado, pero su postura sería muy diferente en caso de que fuera como consecuencia de una declaración unilateral. Aunque el proceso fuera constitucional, tampoco sería fácil puesto que, según los tratados, Escocia debería solicitar la adhesión y la decisión final sería de los otros 27 Estados miembros, entre ellos España, que tendría en su mano vetar el ingreso del nuevo Estado escocés.

Conocida la voluntad de los ciudadanos británicos, todo está por hacer. Tal y como señala Junqueras, Europa ha demostrado una gran flexibilidad y capacidad de adaptación en sus procesos de integración y podría volver a mostrarla en esta situación. No en vano, la UE trabaja desde hace meses en los llamados planes b por si se producía esta circunstancia, pero quedan muchas incógnitas y asuntos por resolver como: qué pasará con los miles de ciudadanos europeos que trabajan y viven en el Reino Unido, qué pasará con los miles de ciudadanos británicos que viven y trabajan fuera del Reino Unido, pero sobre todo, cómo queda la construcción europea.

El president de la Generalitat, Carles Puigdemont, no ha cesado de reivindicar en diversas entrevistas con medios internacionales que en caso de Brexit la UE sacaría a relucir su pragmatismo y capacidad de adaptación con el objetivo de reducir al mínimo los perjuicios, pero esta visión optimista contrasta con el hecho de que el periodo de dos años que señalan los tratados para negociar no casan con la sencillez que reclamaría el pragmatismo. Hay analistas que calculan que el proceso y las consecuencias se pueden alargar durante seis o siete años y que los Estados miembros intentarán evitar por todas las vías, una nueva emulación del Brexit con unas duras negociaciones con el Reino Unido que sirvan de lección o efecto disuasorio ante quienes defienden movimientos secesionistas en el seno de los Estados miembros.

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