Las leyendas góticas del Obispo

La calle del Bisbe es un espacio estrecho, velado por las sombras que los edificios arrojan sobre el pavimento. Un aluvión de turistas circula cada día de una punta a otra, ajeno a los mitos y las sombras que atesora este rincón de Barcelona…

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Las leyendas y misterios asociados a la calle del Bisbe no se remontan muchos años en el tiempo. Tampoco el célebre puente que la atraviesa, en torno al cual han proliferado leyendas de lo más variopintas. Si uno observa detenidamente el puente, en su parte inferior descubrirá una misteriosa calavera atravesada por una daga, junto a los símbolos del Alpha y el Omega  y que se dice es auténtica. Qué hace ahí y cuál es su significado es todavía un enigma, lo que ha dado paso a las inevitables leyendas urbanas. Unas dicen que si se retira la daga, Barcelona se derrumbará en sus cimientos. Otra, que si atraviesas el puente de espaldas mirando la calavera, se te concederá un deseo.

En realidad, el puente data de 1928 y fue proyectado por Joan Rubió i Bellver, discípulo de Gaudí. Históricamente se dice, que el colegio de arquitectos de la época, no permitió al arquitecto llevar a cabo un ambicioso proyecto de reconstrucción del antiguo barrio gótico, y el como venganza colocó en el puente ese símbolo intentando decir que algún día se vengaría, aunque otras hipótesis afirman que al ponerla allí se daba por vencido y acataba que jamás podría trabajar en el proyecto que había soñado. Algún mensaje intencionado por parte del autor pues no podemos obviar que pertenecía a una escuela arquitectónica: ‘El Modernismo’, fascinada por todo lo simbólico.

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La construcción fue muy discutida en su momento, y la revista satírica L’Esquella de la Torratxa no le encontró otros usos que simular una estampa veneciana inundando la calle, como escenario para funciones teatrales de Romeo y Julieta o Don Juan Tenorio, y naturalmente, como protección frente a la lluvia. Pero la verdadera función del puente de la calle del Bisbe es mucho más prosaica que las jocosas propuestas de L’Esquella. En realidad, unía el Palau de la Generalitat con la Casa dels Canonges, residencia oficial de los presidentes Macià, Companys y Tarradellas. Este edificio fue escenario en 1934 de un extraño suceso conocido como la “misa negra en el lecho de Macià”. Fruto de la tensión entre los sectores nacionalistas y republicanos de ERC, Miquel Badia, jefe de los Mossos d’Esquadra, echó en cara a Companys la reputación sexual de su compañera, Carme Ballester. El presidente llevó entonces a Ballester a la Casa dels Canonges y le impuso un juramento de fidelidad en la cama que había pertenecido a Francesc Macià.

El  ‘carrer del Bisbe’ era una de las arterias principales de la Barcelona medieval, vía de nexo entre el Palau de la Generalitat y la Catedral de Santa Eulàlia. No hay turista que no se lleve una fotografía de uno de los iconos del Barri Gòtic sin saber que una de las primeras leyendas que atesora éste tramo es precisamente el nombre de la calle. El ‘bisbe’ -obispo-es Manuel Irurita Amandoz, que fue presuntamente asesinado por anarquistas al comenzar la Guerra Civil. Varios testigos, sin embargo, afirmaron haberle visto en 1939, y corrió el rumor que acabó retirado en un convento de la Provenza. Cierto o no, la Santa Sede no proveyó de un nuevo obispo a Barcelona hasta 1942. La multitud de incógnitas que envuelven la muerte de Irurita aparecen compiladas en el libro El misteri de l’assassinat del bisbe de Barcelona, de Ponç Feliu y Miquel Mir.

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Otra leyenda que siembra el eco a lo largo de éste corto corredor son las gárgolas que asoman desde lo alto de las majestuosas paredes, y es que antiguamente, cuando salía el Santísimo Sacramento durante la procesión que se celebraba el día del Corpus Christi, todas las brujas y malos espíritus de los alrededores de la catedral gritaban, maldecían, y se burlaban de la Sagrada Forma. Como castigo, fueron convertidos en piedra, y muchos de ellos fueron condenados a estar dispuestos alrededor de la catedral, y a tener que ver eternamente el triunfo del Santísimo Sacramento. Por ello en la calle del Obispo hay tantas gárgolas que representan figuras extrañas y rostros horrendos. En realidad, las gárgolas de aspecto feroz son características de la arquitectura gótica en general, y funcionan como desagües.

El controvertido estilo del barrio

Hace pocos años un investigador barcelonés revolucionó las redes sociales con una defensa inapelable sobre la veracidad arquitectónica del Barrio Gótico de Barcelona. Según el historiador  Dani Cortijo,  el místico distrito barcelonés fue una invención de principios de siglo XX para estimular el turismo.

Su alegato, aunque polémico, es inapelable y conocido. La magia del barrio ya había sido desmontada por el historiador jienense Agustín Cócola en 2011 con el tesis doctoral El Barrio Gótico de Barcelona. Planificación del pasado e imagen de marca, que posteriormente se publicó en un libro: ‘.. con el nacimiento de los estados modernos, todas las naciones europeas se fijan en la Edad Media para fijar su origen. El nacionalismo catalán hace lo mismo.. -apunta Cócola-, ..con un interés especial por proyectar una época, concretamente los siglos XIII y XIV, cuando se produce la gran expansión comercial catalana por el Mediterráneo..’.

El veredicto de Cortijo fue diametralmente opuesto. “Es una recreación. El concepto de barrio gótico no se acuñó hasta 1911, cuando empezó su planificación”, defiende. Como pruebas, Cortijo recuerdaba que ‘El Pont del Bisbe’, uno de los iconos del distrito, fue construido en 1928 por Joan Rubió. O que el buzón de la Casa de l’Ardiaca (rodeado de mística) data de 1902. En el mismo sentido, el autor recuerda que ‘..por increíble que parezca, a finales del siglo XIX la fachada de la Catedral era completamente plana…’ Con todo, la confusión histórica ha arrastrado hasta el equívoco a la prestigiosa guía Lonely Planet, que describe el templo como una iglesia gótica.

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Sea como fuere el barrio no pierde valor por decir que fue recreado : un centauro atacado por una serpiente, una princesa, y varias bestias mitad león mitad reptil otean la calle del Bisbe desde la balaustrada de la fachada gótica del Palau de la Generalitat. Más arriba, un San Jordi sonriente y de punta en blanco lidia con un dragón. Un joven escultor llamado Pere Johan los esculpió en piedra a principios del siglo XV en aras de embellecer la sede del gobierno catalán, y desde entonces montan guardia en las alturas.

Fuentes : LaVanguardia- Wikipèdia- ElMundo- ABC // Imágenes Wikipédia

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