Las colonias textiles en Catalunya

En Catalunya existen aproximadamente un centenar de colonias textiles, situadas alrededor de las cuencas del Llobregat, el Ter y el Cardener, pueblos vivos que han evolucionado a lo largo de más de cien años y que son la pieza más destacable del paisaje industrial catalán. Construidas durante la revolución industrial de segunda mitad del siglo XIX, por su abundancia y homogeneidad formal, las colonias textiles catalanas son un fenómeno singular en el mundo…

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Las colonias textiles son uno de los fenómenos más característicos del proceso de industrialización en Cataluña, tanto por el modelo empresarial, industrial y social que desarrollaron, como porque constituyen uno de los rasgos más singulares del paisaje fluvial, fundamentalmente en los cursos de los ríos Ter y Llobregat.

Estas colonias son casi siempre modestas, se desarrollan con pocos recursos, de la mano de empresas familiares, situando las fábricas de río en lugares donde las obras de infraestructura básica (esclusa, canal y salto) requieren una inversión menor. Los caudales irregulares y mediocres se compensan con numerosos saltos naturales, infraestructura barata, mano de obra abundante proveniente del mundo rural y condiciones legales y fiscales favorables.

Las fábricas crecen aprovechando cada salto de agua, pero nunca aparecen solas. A su alrededor, los mismos empresarios construyen pequeños asentamientos urbanos, generalmente muy ordenados, donde los trabajadores viven a la sombra de la fábrica a lo largo de varias generaciones. Con las colonias llegan también servicios a pequeña escala, así como trenes y carreteras.

El resultado es un paisaje singular, mitad industrial y mitad agrario, habitado por obreros textiles que son a la vez agricultores durante el fin de semana. Es una sucesión de ciudades en miniatura, donde siempre están presentes la fábrica, la iglesia, las casas de los trabajadores, el canal que aporta las aguas, los huertos cercanos al río y la torre del dueño, o incluso, la casa señorial de los propietarios. A veces, la estructura es más compleja y aparecen un teatro, una escuela y una gran plaza pública.

Las calles, hoy silenciosas, tienen el carácter de las antiguas colonias centroeuropeas y de las primeras ciudades-jardín inglesas. Los alrededores, en cambio, son aún hoy reino de las casas de labranza, a veces monumentales, y de campos de cultivo.

Estas colonias textiles son remarcables, no tanto por su calidad arquitectónica y urbanística, ni por presentar un funcionamiento muy diferente de la colonia obrera de otros lugares, sino por su número, densidad y homogeneidad formal. La discreción de las piezas consideradas aisladamente y, a la vez, la singularidad de su intensa secuencia en algunos tramos fluviales, son rasgos que hacen de ella un fenómeno particular.

Su aparición se explica a partir del aprovechamiento del agua como fuente de energía alternativa al carbón y las ventajas derivadas de la paz social, los salarios bajos y su consolidación como proyecto a largo plazo. Se trata de un hecho complejo donde también entran en juego otros muchos aspectos (las exenciones fiscales, los incentivos legales a favor de la ocupación de territorios despoblados, los costes reducidos de terreno y construcción, los salarios bajos, la tradición textil, etc.).

A partir del segundo tercio del siglo XIX, las colonias, concentradas en las cuencas del Llobregat (con su afluente el Cardener) y del Ter (con su afluente el Freser), se multiplican hasta superar el centenar. El fabricante asume el papel de colonizador en unos valles fluviales poco poblados, donde la colonia se perfila como un nuevo tipo de establecimiento alternativo a los tradicionales. Los ejes algodoneros, conectados a Barcelona, predominan sobre el tejido de masías y villas y cambian el territorio preindustrial.

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Vista aérea de la colonia Viladomiu Nou. Fuente: Paisajes Españoles, 1970

Durante la primera década del siglo XX se saturan ambos cursos fluviales y el proceso colonizador se estabiliza. Las colonias alcanzan su madurez y se consolidan como motor económico e instrumento de progreso social. Antes de la Guerra Civil las cuencas del Llobregat y del Ter concentran dos terceras partes de los husos y casi la mitad de los telares de la industria algodonera catalana. El curso fluvial se convierte en un potente eje de circulación y producción. El modelo nacido con la industrialización del siglo XIX se mantiene operativo hasta el segundo tercio del siglo XX.

El principal agente constructor de este paisaje ha sido el fabricante local impulsado por el interés del negocio textil. La confluencia de tantas colonias conduce a la saturación de la fuente de energía y a la ocupación sistemática de todos los espacios útiles del río.

La inversión pública es prácticamente inexistente, reflejo de la impotencia del Estado para urbanizar el territorio y dotarlo de las infraestructuras necesarias para su progreso. La colonia se consolida como un feudo privado y autónomo en conflicto con el poder municipal.

Pero a partir de los años treinta del siglo XX, decrece la inversión del fabricante en la colonia, que ha alcanzado en muchos casos su techo productivo. Ésta sobrevive con dificultades a los conflictos sociales y a la Guerra Civil, y aprovecha el proteccionismo del primer franquismo para protegerse del lastre de su fábrica obsoleta y de los notables costes de transporte.

Durante los años sesenta y especialmente los ochenta del siglo pasado, la degradación de edificios y espacios libres se acentúa y en la cuenca del Llobregat se abandona el ferrocarril. La propiedad de la colonia se fragmenta, aunque se mantienen piezas significativas en las mismas manos. La responsabilidad sobre el espacio público y algunos edificios singulares se traslada a la administración municipal. Se venden las viviendas a los trabajadores y se alquilan las naves industriales. Se inicia, en definitiva, un nuevo ciclo de gestión compartida de la colonia donde participan los ayuntamientos, las asociaciones de vecinos y los antiguos fabricantes propietarios.

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Can Sanglas, una de las primeras fábricas de río que se construyeron en Manlleu- Foto: Lluis Grané

Las inversiones efectuadas en las colonias durante esta fase son de estricta supervivencia. Los vecinos asumen de forma individual o colectiva, a través de las asociaciones, la rehabilitación del parque residencial. El antiguo fabricante dedica parte de las rentas generadas por el alquiler del parque industrial a su mantenimiento mínimo. Los ayuntamientos emprenden con dificultades la adecuación básica de los espacios públicos y de algunos edificios deteriorados.

Con el tiempo, los cambios en los mercados no dejan lugar para estas particulares formas de industrialización dispersa. La electricidad permite poner las fábricas donde se quiere y la economía global nos enseña que la concentración es la fuerza. Las fábricas textiles de las antiguas colonias ya no funcionan y muchos campos de alrededor tampoco se trabajan. El trabajo se va y con él los habitantes de esta ciudad discontinua que había crecido allí donde una esclusa permitía aprovechar la fuerza del agua. Y donde la actividad permanece, se produce una ruptura de la unidad residencial y productiva. La casuística es muy variada: en algunas ocasiones el dueño se marchó hace muchos años y “apagó la luz”; en otros el lock-out se alarga hasta nuestros días, en pocas se mantiene la actividad industrial. Pero en todo caso, trabajadores y residentes, fabricantes, propietarios de viviendas y de los saltos de agua, dejan de estar ligados por intereses comunes, como en los viejos tiempos. Hoy los agentes implicados se han multiplicado, lo que dificulta las acciones de recuperación.

Muchas de las antiguas colonias o fábricas de río han desaparecido dramáticamente por su obsolescencia productiva, al quedar ahogadas por el crecimiento de los núcleos, por la cola de los pantanos, o bien por el insuficiente confort de la residencia, falta de servicios y de transporte público. A pesar de todo, se trata de conjuntos dinámicos, que se han transformado continuamente durante bastantes años, hasta convertirse en pequeños núcleos urbanos en medio de un paisaje rural. Y lo han hecho consolidando un riquísimo patrimonio de esclusas y embalses, casas de compuertas y canales; fábricas y chimeneas; viviendas y equipamientos; jardines y parajes de huertos familiares.

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La colonia Cal Prat – Fuente: Paisajes Españoles, 2000.

Y precisamente desde hace unos años, quizás demasiado tarde en muchos casos, comienzan a surgir proyectos, mayoritariamente públicos, que buscan un futuro vinculado a la recuperación y conservación del patrimonio con nuevas alternativas económicas y sociales. Es ahora, en un momento especialmente crítico para el avanzado deterioro de muchas colonias, que se plantean todo tipo de estudios y proyectos de impulso y reactivación. Es a partir de 2005, que el Gobierno de la Generalitat encarga dos planes directores urbanísticos de las colonias industriales, con el objetivo de coordinar las posibles acciones de reactivación. Las intervenciones se suceden vertiginosamente. El detonante es una primera y desesperada llamada de atención por parte de agentes locales amantes de su patrimonio. La celebración de los “150 años de las colonias” marca un punto de inflexión en cuanto al reconocimiento de un extraordinario patrimonio. Poco después comienzan una serie de pequeños proyectos, desde la limpieza y señalización, a la rehabilitación de edificios o recuperación puntual de naves y chimeneas.

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La primera colonia del Berguedà, la colonia Rosal

El nacimiento de las colonias textiles en la comarca del Berguedà, que da pie a 15 industrias distintas, se inició con la instalación de la colonia Rosal. La colonia era propiedad de la familia Rosal, que compró en el año 1858 unos terrenos próximos a la localidad de Berga al pié del río Llobregat.

Apuntar que el propietario, además de un terreno, necesitaba disponer de la concesión de un salto de agua para poder construir la fábrica, ya que este salto le permitiría obtener la energía necesaria para el funcionamiento de las máquinas de la fábrica.

Esta colonia, que realizaba hilado, tejido, acabados y tintes, dejó huella en la comarca berguedana. No sólo por ser la primera que se ubicó en la zona sino porqué fue la que tuvo un mayor número de trabajadores. Se dice que llegaron a trabajar allí más de mil personas.

Además, la familia Rosal fue una de las impulsoras para que el ferrocarril llegara a esta comarca. Es cierto que lo hicieron en beneficio de la fábrica ya que necesitaban que ésta estuviera conectada con Barcelona para una mejor comercialización de su producción y para recibir materias primeras para la elaboración, pero, indirectamente, benefició a todo el territorio. Así pues, Cal Rosal tuvo una estación propia a partir del año 1887.

La familia Viladomiu

La familia Viladomiu fue una de las familias más conocidas e importantes del Berguedà ya que fue propietaria de cuatro colonias distintas: Viladomiu Vell, Cal Marçal, Viladomiu Nou y el Guixaró.

Los Viladomiu fueron una familia con tradición textil ya que durante el siglo XVII eran conocidos como vendedores de lana y tejedores. Y, también, el padre del fundador de Viladomiu Vell, anteriormente, realizó negocios relacionados con el mundo del hilado y el tejido.

La primera colonia que construyeron fue Viladomiu Vell en la llanura de Sant Marc en el año 1871. Esta colonia fue importante por el amplio número de servicios que ofrecía a sus obreros; viviendas, carnicería, sastrería, escuela, hostal, teatro, campo de fútbol, iglesia…

También es destacable la colonia Viladomiu Nou, que también se encuentra al sur de Gironella y próxima a Viladomiu Vell, ya que fue una de las colonias que, en los años 70, para combatir la crisis, recibía autocares llenos de gente que no formaban parte de la colonia pero que se desplazaban allí para trabajar. Pero, finalmente, tuvo que cerrar sus puertas. Actualmente, en la torre del propietario de Viladomiu Nou se encuentra una oficina de turismo del Parc Fluvial del Llobregat.

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La colonia Vidal de Puig-reig

En los alrededores del municipio de Puig-reig se llegaron a ubicar hasta siete colonias industriales, lo que permitío que Puig-reig fuese la primera localidad a la que llegó el ferrocarril.

Una de las siete colonias más destacables de Puig-reig y quizás la más conocida del Parc fluvial del Llobregat es la Colonia Vidal. Ésta fue la última que se abrió en el Berguedà, en el 1900. El lugar donde se encuentra ubicada era el único espacio que quedaba vacío entre la colonia Rosal y Navàs. El resto estaba ocupado por otras colonias.

Actualmente, en esta colonia se puede hacer una visita guiada muy recomendable, y conocer cómo era su funcionamiento y el proceso de producción. También, se puede acceder a un piso de una familia obrera, a la escuela o a la biblioteca, entre otros espacios. Así como pasearse por la calle de Sant Ignasi, que fue la primera que se construyó.

Como curiosidad cabe destacar el Teatro que fue inaugurado en 1947 y que es una réplica en miniatura del Gran Teatro del Liceo, aunque actualmente está en ruinas debido a un incendio.

En la entrada de la colonia, frente a la iglesia, se encuentra el Museo de la Colònia Vidal, que ofrece visitas guiadas por la colonia. También, lo que fue la antigua estación de tren (próxima a la C-16) se ha convertido, hoy en día, en la puerta de entrada a las colonias textiles del Llobregat ya que acoge una oficina de turismo.

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Colonia Puig

Actividades de tiempo libre

Las actividades culturales en las colonias tienen dos puntos claros: el canto y el teatro que en las grandes colonias se completa con la construcción de una biblioteca. El tiempo libre masculino pasaba por el café y el casino y el femenino por las discusiones en las calles y plazas las noches de verano. La vida religiosa era rellena de actos litúrgicos y sacramentales. Muchas de estas iglesias son centenarias y logran la categoría de parroquias. Las fiestas mayores daban a las colonias la cohesión de un pueblo. También había actos oficiales.

El debate continúa abierto: eran las colonias un fenómeno de explotación del trabajador y donde se daban prácticas de tipo feudal o representaban un avance importante en la concentración de la fuerza del capital y del trabajo en la búsqueda del paraíso social. Lo que si está claro es que la Cataluña de hoy no hubiese sido posible sin el proceso de industrialización, que no se puede explicar sin las colonias fabriles.

Fuentes : Planur – Historia colonia industrial

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