La cuestión del referéndum en el escenario político catalán

Un referéndum de autodeterminación, no pactado con el Estado, anunciado por el Govern para el próximo 1 de octubre. Este es el horizonte que marca toda actividad política en Cataluña y, en gran medida, en el resto del Estado español…

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Por Sato Díaz

Un referéndum, sin embargo, que, hoy en día, nadie puede garantizar que se vaya a celebrar, o que no. Arenas movedizas que emborronan un largo camino que queda por recorrer hasta la fecha señalada. Y todo hace prever que dicho recorrido será una yinkana llena de obstáculos: el Gobierno de Mariano Rajoy impondrá todo tipo de diques de contención para que no se celebre la consulta. Por su parte, el Govern de Carles Puigdemont no tiene elección, debe ir hasta el final, porque el motivo de su existencia es este.

En semejante contexto, en los próximos tres meses, el Govern y el Parlament deberán afrontar una serie de medidas para que el 1 de octubre haya urnas, papeletas y gente votando. Un conjunto de iniciativas de las que, hasta el momento, muy poco se conoce, aunque parece que será el próximo 4 de julio cuando Puigdemont, su vicepresidente Oriol Junqueras y el resto del Govern desvelen los detalles para que el referéndum deje de ser un simple tema de debate y se convierta en una realidad por la que trabajar. Veamos el calendario y plazos provisionales que se manejan:

  • A finales de agosto se debería aprobar la Ley del Referéndum, la de Transitoriedad Jurídica o las dos.
  • La primera semana de septiembre se debería firmar el decreto de convocatoria del referéndum.
  • El 11 de septiembre se celebrará, como todos los años, la Diada catalana con un significado muy especial en esta ocasión.
  • A la medianoche del 14 de septiembre se daría el pistoletazo de salida de la campaña a favor y en contra de la independencia, una campaña que duraría hasta el 29 del mismo mes.
  • El 30 de septiembre se desarrollaría la jornada de reflexión.
  • El 1 de octubre tendrían lugar las votaciones.

Dependiendo de si se celebra o no el referéndum y de su resultado, se abrirá un amplio abanico de posibilidades sobre qué ocurrirá en otoño. Lo que parece cierto es que no será el final del proceso independentista. Si no se celebrara la consulta, tal y como promete el Gobierno, parece poco certero imaginar que la pulsión independentista se apagará, la prohibición puede suponer un nuevo revulsivo para este movimiento. Por otro lado, si se celebrara, comenzaría un complicado momento: buscar la forma en que la voluntad expresada en las urnas se materializaría política, institucional y jurídicamente. Lo que también parece cierto es que unas elecciones están a la vuelta de la esquina, bien autonómicas, si la consulta no se celebrara o ganara el ‘no’, bien las primeras de una eventual República Catalana.

Ante tal vertiginoso calendario, los partidos políticos se preparan para responder a cualquiera de los escenarios, pero también miran más allá del primero de octubre, y las tensiones y disputas internas y externas están al orden del día.  El clima preelectoral hace que las distintas formaciones velen por sus intereses, se posicionen lo más en cabeza posible para la disputa. Mientras tanto, el mapa político catalán está en proceso de cambio, nuevas formaciones salen a la luz escindidas de viejos partidos o de la confluencia de varios de ellos, otros han desaparecido, otros han cambiado de nombre… Veamos.

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La entente independentista: JxSI y CUP

La coalición Junts pel Sí (JxSi), surgida en el verano del 2015 de cara a los comicios de septiembre de aquel año, aglutina al Partit Demòcrata Europeu Català (PdeCat), o la antigua Convergència (CDC), a Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) y a independientes y otras formaciones independentistas y es la que da sustento al actual Govern. Surgieron bajo la promesa de declarar la independencia a los 18 meses si en las elecciones conseguían una mayoría independentista. La mayoría la obtuvieron en el número de escaños sumando a los de la CUP, pero no así en votos. El plan de una declaración unilateral de independencia fue sustituido por el actual, el referéndum. A pesar de que han conseguido aguantar los envites del Gobierno como un solo sujeto político, las tensiones internas existen: diferentes estrategias, miedo a las inhabilitaciones y distintas respuestas a la corrupción.

Y es que durante los últimos meses los casos de corrupción ahogan a la antigua CDC. Los casos Palau, 3 por ciento, y el de la familia Pujol son algunos ejemplos. Y el desgaste del partido hegemónico en Cataluña durante la etapa democrática es enorme, las encuestas le sitúan muy por debajo de su socio en el Govern –ERC– pero también, a veces, por detrás de los comunes, Ciudadanos o el Partit del Socialistes de Catalunya (PSC). Mientras tanto, ERC se sitúa como la opción preferida por los catalanes.

Las estrategias de cómo hacer frente a los próximos meses tensionan a la coalición gobernante. Una de ellas es el concepto de la desobediencia, que antes o después deberá llegar si se sigue con el plan independentista y que, mientras no supone un problema para las bases de ERC, y que no está en el ADN del PdeCat. ¿Desobedecerán cargos políticos y públicos del PdeCat las leyes españolas? ¿Desobedecerá la derecha catalana que tantas veces se ha puesto de acuerdo con la española? ¿Hasta qué punto? Habrá que verlo. La duda no parece plantearse con tanta intensidad en ERC, formación abiertamente rupturista e independentista por tradición.

El president Puigdemont, un verso libre en el PdeCat, ha demostrado que está dispuesto a todo para que el referéndum se celebre. Basta recordar que llegó a la Presidencia con ese único objetivo, una vez que la CUP vetara a Artur Mas como president. Pero, ¿se jugarán el puesto alcaldes, concejales, diputados y cargos intermedios de procedencia convergente?. Basta ver el voto del PdeCat en la moción de censura que Unidos Podemos planteó a Rajoy hace unas semanas para levantar la liebre. ¿Por qué no votó el PdeCat a favor de una alternativa que defiende el referéndum en Cataluña, por qué no votó en contra de Rajoy, escorado en la defensa del no referéndum y máximo exponente del no diálogo con los independentistas?

Hay más diferencias. Por un lado, Puigdemont y ERC se muestran partidarios de que el Parlament apruebe la Ley de Desconexión, la que establecería un régimen legal y jurídico distinto al español, es decir, una declaración velada de independencia, conjuntamente con la Ley del Referéndum antes del 1 de octubre. Por su parte, la mayoría del PdeCat parece que prefiere que esta ley se apruebe después de la consulta. ¿Los motivos? El delito que supondría la aprobación de la Ley de Desconexión podría llevar a penas de cárcel al suponer una vulneración del artículo 2 de la Constitución. La Ley del Referéndum, por su parte, podría conllevar únicamente a la inhabilitación de cargos.

Las más que probables inhabilitaciones es otro de los grandes problemas a los que se enfrentan los dirigentes independentistas. Con la ley en la mano, los tribunales, animados por el Gobierno, podrían inhabilitar a muchos cargos independentistas involucrados en la organización del referéndum. Una generación de políticos del espectro independentista podría quedar fuera del juego político en caso de no proclamarse la independencia. El juego de nombres que podría sustituir a la primera plana de PdeCat y ERC ya va siendo realidad en las entrañas de estos partidos. Los portavoces en el Congreso, Carles Campuzano y Joan Tardà, suenan, entre otros muchos como posibles candidatos a president de la Generalitat en un futuro por sus respectivas formaciones. Un juego de nombres que va más allá, pues los partidos también buscan candidatos para las municipales de 2019.

Por su parte, la CUP también vive tensiones internas. Se juega mucho. La famosa asamblea, en la que se empató a votos, para dar apoyo a un Govern de JxSi o no muestra la división existente en esta formación que basa en tres ejes su razón de ser: independentismo, anticapitalismo y feminismo. El haber sustentado, durante todos estos meses con sus apoyos en el Parlament, a un Govern donde la hegemonía del neoliberalismo del PdeCat ha sido patente, ha endurecido los debates en la formación. El apoyo de la CUP a los últimos presupuestos fue otra muestra de ello: ¿aprobar unos presupuestos que quedaban muy lejos de sus aspiraciones sociales a cambio de que dieran cobertura al referéndum? El debate va, incluso, más allá, llegándose a plantear algunos sectores la utilidad de presentarse a las elecciones al Parlament. La CUP es una formación que nace con vocación municipalista y el salto a la política nacional catalana no convenció a todo el mundo. Un debate más radical se sustrae también: ¿hasta qué punto la lucha está en las instituciones?

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Los comunes

Los comunes, de momento, prefieren no significarse demasiado con el referéndum anunciado por el Govern, pero tampoco con la negativa a su celebración que propugnan los “unionistas”, PP, PSOE y Ciudadanos. Apuestan por la resolución del conflicto entre Cataluña y el resto de España mediante un referéndum, pero acordado con el Estado, en un hipotético momento en el que el mapa político haya cambiado en Madrid y sea favorable. No es el momento, quizás más adelante. Sin embargo, para no quedarse incrustados en el bando “unionista”, aseguran que participarán en el referéndum, pero no como una consulta vinculante, sino como una movilización a favor del derecho a decidir. Por otro lado, los comunes están hermanados con el espectro de Unidos Podemos de ámbito estatal y la estrategia es la misma que defiende Iglesias en Madrid: un referéndum acordado con el Estado. Un Estado, de momento inexistente, con otras mayorías políticas.

El espectro de los comunes sigue dividido. Mientras que se consolida la formación Catalunya En Comú, con Xavier Domènech a la cabeza, que incluye a Barcelona En Comú, ICV y EUiA, la dirección de Podem, liderada por Albano Dante Fachin, decidió quedarse fuera del nuevo sujeto político. Las estrategias políticas, aunque similares en lo que tiene que ver con considerar la consulta como movilización y no referéndum propiamente dicho, también difieren. Mientras que Podem puso en marcha una seria de asambleas entre sus círculos para debatir y buscar consensos sobre qué hacer con el referéndum, Domènech va un paso más allá y ya mira más allá de octubre. En el debate de la moción de censura retó a ERC, quien parece que ganaría las próximas elecciones catalanas. ¿Es posible una mayoría de izquierdas en Cataluña, un entendimiento entre ERC y comunes, que deje de lado la unilateralidad pero siga apostando por el soberanismo? Domènech fue al grano en la contradicción de ERC, que hoy en día prima su posición independentista sobre la izquierdista, al gobernar con el PdeCat.

Ciudadanos, PSC y PP

Los “unionistas” no quieren oír hablar del referéndum, es ilegal y por lo tanto no se debe celebrar, ahí termina el conflicto. Confían en la capacidad del Gobierno para evitar que se lleve a cabo y su discurso desde hace meses se basa en una clara exigencia al Govern: que convoque elecciones autonómicas para que la ciudadanía pueda decidir nuevas mayorías en el Parlament. En ningún momento se plantean entrar a debatir en la previa al referéndum sobre el ‘sí’ o el ‘no’ a la independencia. Esto hace que la campaña por el ‘no’ quede mutilada, en cierta medida. No es su partido, no juegan, pero en política no jugar es no argumentar, no debatir.

Quedan, sin embargo, algunas preguntas por responder. ¿Cuál es su modelo territorial para el futuro? Si no se celebra el referéndum, tal y como aseguran, ¿es posible en estos momentos seguir con el encaje autonómico para Cataluña? No hay respuestas claras en este sentido. Por otro lado, según las últimas encuestas oficiales, más del 50 por ciento de los votantes catalanes del PSC, casi el 50 por ciento de los de Ciudadanos y casi el 30 del PP estarían de acuerdo con un referéndum pactado. Cifras a tener en cuenta.

La llegada de Pedro Sánchez al liderazgo del PSOE y la aceptación del concepto ‘light’ de plurinacionalidad no ha apagado todos los fuegos y tensiones en el seno del PSC. El nuevo portavoz del PSOE, Óscar Puente, advertía ayer: “Ningún ayuntamiento gobernado por los socialistas colaborará en la organización del referéndum”. Sin embargo, diferentes ediles ya habían afirmado lo contrario. Núria Parlon, flamante secretaria de Cohesión Social del PSOE, alcaldesa de Santa Coloma de Gramanet y candidata que le disputó a Miquel Iceta el liderazgo del PSC, declaraba la semana pasada que, en el caso de que el Gobierno suspendiera la autonomía de Cataluña, habría que apelar a la comunidad internacional. Puente también le ha desautorizado en esto. Las tensiones en el seno socialista continúan.

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Los recién llegados

Si en verano del 2015 se firmaba el acuerdo entre la antigua CDC y ERC para conformar la coalición JxSi, pocos días antes se ponía fin a otra coalición, CiU. Unió, el partido conservador liderado por Josep Antoni Duran i Lleida se desmarcaba de la deriva independentista de sus socios. Ahora Unió ya no existe. Sin embargo, han surgido dos formaciones políticas dispuestas a disputar este espacio: la derecha de raíces genuinamente catalanas que se entiende a la perfección con la derecha española. La que apuesta por evitar aventuras independentistas y rupturistas. Estas formaciones son Lliures y Units per Avançar, a la que se ha sumado el propio Duran i Lleida. Buscan a los votantes de la antigua CiU desencantados por el proceso independentista. Son partidos ideados para entrar a jugar después del 1 de octubre. Habrá que esperar…

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