Ximo Berenguer retrata el underground barcelonés: cabaret y democracia

Un libro recupera el trabajo del fotógrafo valenciano en El Molino durante los años finales del franquismo y la Transición..

10526-800x588-800x588

Entre 1973 y 1976 la historia llamaba a la puerta cada día. Lo que estaba a punto de morir y lo que estaba a punto de nacer competían por sacar cabeza. Puede que la noche fuese el lugar que antes se despidió de la dictadura. Y puede que Ximo Berenguer (Picanya, 1946 – Barcelona, 1977) fuese el fotógrafo que lo vio en El Molino, el mítico cabaret de Barcelona.

Con un acceso privilegiado gracias a su noviazgo con el coreógrafo, el cubano Negrito Polly, el fotógrafo retrató la trastienda de aquel local, donde los travestis se mezclaban con burgueses canallas y los franquistas se reían del franquismo. De su inmersión en la cutrez de los camerinos y en el frenesí del público seleccionó material para un libro que ha permanecido inédito durante 40 años y que ahora ha publicado la editorial RM, respetando la idea original del autor y los textos de Manolo de la Mancha.

1497549301_994187_1497550285_noticia_normal

De profesión: fotógrafo

Ximo Berenguer se aficionó a la fotografía de adolescente, utilizando la cámara Kodak Retina de su padre. Entre 1965-68 frecuentó el Foto Club Valencia y participó en distintos concursos. En 1968 se trasladó a Barcelona para estudiar en el Institut d’Estudis Fotográfics de la Escuela Industrial, tras lo cual ingresó en la Agrupación Fotográfica de Cataluña y colaboró en las actividades del Grup Jove.

Abandonó  la estética del salonismo para adoptar un reportaje directo y descarnado. Admirador tanto de Cartier-Bresson y Brassaï, cuya obra descubrió en la biblioteca de la Agrupación Fotográfica de Cataluña, como de algunos heterodoxos surgidos de esa entidad como Miserachs, Maspons o Colom, Berenguer se propuso erigirse en testigo gráfico de la conflictiva efervescencia social que agitaba el país. Visitó con regularidad a Josep María Casademont y mantuvo contactos con el equipo de El Rrollo Enmascarado y con otros grupos underground barceloneses.

FireShot Capture 1 - Ximo Berenguer expone en la galería Fe_ - http___www.arterritory.net_ximo-ber

Sus imágenes pasaron entonces a rehuir todo sentimentalismo superfluo para atrapar el alma fugaz de la historia. Se adentra en la fotografía de reportaje y en 1973 entró a trabajar en el estudio de Leopoldo Pomés. El joven Berenguer se armó de valor, reunió un puñado de sus fotografías que consideraba modernas y fue a enseñárselas a su ídolo con ánimo de ganarse una plaza en su estudio como aprendiz. Con su primer sueldo se compraría la cámara Pentax SL que utilizó hasta el final de su vida.

En 1975, el bailarín y coreógrafo Negrito Poli lo introdujo en El Molino, y a partir de ahí desplegó una gran actividad realizando reportajes de los acontecimientos políticos y sociales de la Transición, desde las grandes manifestaciones populares, la represión policial hasta las primeras elecciones democráticas y las sucesivas ediciones del Festival Canet Rock. Justo después de cubrir ese festival en 1978 sufrió un accidente con la moto que le causó la muerte.

Berenguer fallece dejando un legado fotográfico de unos quince mil negativos y trescientos tirajes de época en diferentes formatos que permaneció en la casa familiar hasta la muerte de sus padres. Todo su material quedó depositado en la casa familiar pero, tras la muerte de sus padres, su única hermana, monja en un convento, decidió proporcionar a su obra un destino con mayor visibilidad.

10524

10528

10558

Su espíritu contestatario y su condición homosexual le llevaron a congeniar con el grupo de los Ocaña, Nazario, Picarol, Mariscal, los hermanos Farriol y tantos otros protagonistas del underground barcelonés, con los que compartió tugurios y marginalidad, que sin duda propulsaría la radicalidad de sus propuestas.

De hecho, lo que quería enfatizar Berenguer era que El Molino se viese, por un lado, como un espejo de la transición política: en los palcos departían empresarios e intelectuales, hombres del Régimen y líderes obreros, agentes de paisano y universitarios, y todos ellos se burlaban juntos de esto y de lo otro, como de los males de la burocracia o de la incompetencia de la Administración. Por otra parte, El Molino constituía un refugio de seguridad en el que la vida exterior se concedía una tregua: a menudo mientras la platea estallaba en risas resonaban no muy lejos las consignas coreadas por los manifestantes o las sirenas de los furgones policiales que evidenciaban el cambio que se estaba precipitando. El espectáculo terminaba con la apoteosis de toda la compañía sobre el escenario rindiendo pleitesía a las vedettes ataviadas con sus plumas y trajes de lentejuelas, y todos cantando A chupar del bote hasta que se agote…

Por estas fotografías expuestas en la galeria de Fernando Pradilla en Madrid desfilan retratos de personajes entrañables como Johnson, La Maña, Christa Leem, Piper o Yvette René, salpicados con grafitis políticos reivindicando amnistía y estatuto de autonomía; instantáneas de una alegría contagiosa tamizada de humo y alcohol pero que vislumbran en el horizonte avisos de tragedia. Es un proyecto documental, penetrante, intenso, visceral, no sale de los ojos sino de las entrañas.

1497538482_260198_1497538765_album_normal

1497538482_260198_1497538771_album_normal

1497538482_260198_1497538770_album_normal

La ciudad secreta

Barcelona fue una vez una metrópoli salvaje donde una jauría en la que colisionaban lúcidos lunáticos, poetas malditos y artistas de lo imposible salió a las calles para crear y vivir en libertad. Ésa es la estampa que retrató el periodista Jaime Gonzalo (Bilbao, 1957) en el libro La ciudad secreta. 

Repleto de imágenes inéditas (fotografías, carteles, entradas de conciertos, flyers de baretos, ilustraciones), el volumen dignifica un fenómeno que en su momento fue ignorado, cuando no despreciado, tanto por la industria como por los artistas de la vanguardia ‘oficial’. El autor descubre personajes anónimos, los rechazados por el sistema, aquellos que hacían un tipo de espectáculo crítico que la rancia sociedad de la época evitaba.

descargaHéroes anónimos que protagonizaron esta libre explosión de creatividad, desde los músicos Jaume Sisa y Pau Riba hasta pintores y dibujantes como Miquel Barceló y Nazario. Hay que hacer una reflexión sobre la diferencia entre el impacto mediático de La Movida madrileña y el de la explosión que había sacudido Barcelona poco antes. Así, se habla de una “movida autóctona”, que formaban personajes que terminaron siendo tan populares como Loquillo, Brighton 64, Los Rebeldes y Sergio Makaroff.

En una Barcelona que venía (como el resto del país) de la penumbra creativa, a partir de los 70 fueron apareciendo nuevos actores que dinamizaron el intercambio cultural. Hay que mencionar Radio PICA, una emisora pirata que cubría la música experimental de Cataluña en la primera mitad de los 80. Algunas revistas donde se registraba, comentaba y difundía todo el ajetreo creador que surgía de la contracultura, como Ajo Blanco o Star. Y es que una nueva visión de las cosas se estaba afianzando no sólo en la música, sino en la pintura, la ilustración o las letras, como se muestra en el documental Barcelona era una fiesta underground 1970-1980.

Fuentes: El Pais // Descubrir el Arte // Arteterritoti // El Mundo

Fotogalería:  Spaivisor

Anuncis

Deixa un comentari

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

Esteu comentant fent servir el compte WordPress.com. Log Out / Canvia )

Twitter picture

Esteu comentant fent servir el compte Twitter. Log Out / Canvia )

Facebook photo

Esteu comentant fent servir el compte Facebook. Log Out / Canvia )

Google+ photo

Esteu comentant fent servir el compte Google+. Log Out / Canvia )

Connecting to %s