Eduard Toda: el egiptólogo desconocido

Cónsul, hombre de cultura, primer egiptólogo catalán, bibliófilo, mecenas, viajero… Eduard Toda i Güell es uno de los personajes catalanes de la Renaixença más importantes y, a la vez, menos conocidos…

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Eduard Toda nació en Reus el año 1855. Lo crió su madre, juntamente con su tío materno, el periodista y republicano Josep Güell i Mercader, ya que su padre, un personaje local muy influyente y ex alcalde de Reus, no quiso hacerse cargo.

Cuando acabó la escuela primária, entró a estudiar en el Instituto de los Padres Escolapios de Reus. Allí, el joven Toda fue compañero y amigo del arquitecto Antoni Gaudí y de Josep Ribera, médico y cirujano catalán. Durante aquellos años de instituto, los tres amigos cultivaron un gran interés por la literatura del conocimiento y Toda, con sólo 15 años, escribió su primer libro “Poblet. Descripción histórica” sobre el monasterio que años más tarde restauró.

Acabados los estudios reusenses, Eduard Toda decidió estudiar Derecho. A causa del cierre de la Universidad de Barcelona debido a la fiebre amarilla y del cólera que en aquélla época azotaban la ciudad, ingresó en la Universidad Complutense de Madrid, dónde llegaría a licenciarse en forma brillante en Derecho Civil y Canónico, en 1873. Durante los años universitarios, conoció el que sería uno de sus grandes amigos: el escritor, periodista y político Víctor Balaguer.

Los ambientes políticos en los que se movía su tío Josep Güell,  por entonces influyente periodista y político republicano que residía en Madrid, como hombre de confianza de Emilio Castelar, unido a su formación y la facilidad con la que contaba para el aprendizaje de lenguas extranjeras, le decidieron a entrar en el Ministerio de Estado, dónde trabajaba su padre, que no quiso ofrecerle la más mínima ayuda. En noviembre de 1873 ganó una plaza como agregado diplomático en el Ministerio y, tras llevar a cabo varias actividades, a principios de 1876 solicitó y obtuvo la plaza de vicecónsul en Macao, hacia donde se dirigió con 21 años recién cumplidos.

Su estancia en China y Lejano Oriente se prolongó hasta finales de 1882. En ese tiempo, de gran dificultad para los occidentales, trabajaría en los consulados de ciudades como Macao, Hong-Kong, Cantón y Shangai, y a la vez, nacería su interés por el mundo oriental que le harían viajar por diversos países del área, a aprender lenguas como la china, filipina, o japonesa e incluso a publicar libros de contenido orientalista y de numismática. Tras regresar a España en 1883, y ser introducido por Victor Balaguer i Cirera en círculos literarios y periodísticos que lo harían integrarse en la “Renaixença” (importante movimiento cultural catalán), en 1884 era destinado a Egipto como vicecónsul.

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Eduard Toda, segundo por la izquierda, durante su estancia en Egipto ( Museu Víctor Balaguer )

Aventura diplomática y arqueológica

Durante sus años en Egipto, viajó mucho por el país visitando los restos de Alejandría, las de Sais y Tanis, o las Pirámides de Giza y sus necrópolis. En una de sus estancias en el Valle del Nilo, conoció al francés Gaston Maspero, que en aquellos momentos era Director del Museo Egipcio de El Cairo y Director del Servicio de Antigüedades.

Esa amistad le llevaría en 1886 a acompañarlo en el viaje de inspección anual que realizaba por el país a bordo del “Bulaq” lo que le permitiría visitar Meidum, Beni-Hasan, Tell el-Amarna, Abido, Dandara, File o Luxor entre otros. Y cuando estando en Karnak el Servicio de Antigüedades recibió la noticia por parte de un lugareño del descubrimiento de una tumba en Deir el-Medina, Maspero creyó oportuno que fuera su amigo Eduard Toda quien abriese la tumba que habría de hacerle famoso: la tumba de Sennedyem.

Poco podía imaginar Toda que esa tumba había permanecido inalterada desde el día del enterramiento de su propietario en algún momento del reinado de Ramsés II, y poco podía imaginar que esa tumba encerrase las espléndidas pinturas que aún hoy siguen considerándose de las mejor conservadas de todo el área tebana, además del número e importancia de los restos que contenía tales como amuletos, sarcófagos y momias, materiales utilizados en la momificación, de ornamento y ofrendas, ushebtis, conos funerarios, cerámicas…., de los que si bien el Servicio de Antigüedades sería el responsable de las preceptivas tareas arqueológicas de la época, Eduard Toda sería el encargado de realizar su minucioso inventariado, toma de fotografías, copiado de textos y conclusiones finales. Los resultados los publicaría en su “Son Notém en Tebas. Inventario y textos de un sepulcro egipcio de la XX dinastía” (Madrid, 1887), y lo haría en una publicación de la Real Academia de la Historia que el mismo crearía: Estudios Egiptológicos”.

Fue un hecho muy importante: por un lado, porque fue la primera excavación de un español en este campo, y porqué fue, también, la primera tumba que se encontró intacta en Egipto. Eduard Toda, que publicó los resultados del descubrimiento y fue un inventario de las piezas encontradas, fue considerado desde entonces el primer egiptólogo catalán y español. 

Eduard Toda prosiguió con su carrera diplomática y, después de una estancia en el Alguero, en Cerdeña, donde descubrió el uso del catalán en la isla, y de otra de bien larga en Londres donde, durante 18 años, vivió como hombre de negocios. Eduard Toda volvió a Cataluña el año 1918.  Previamente, el año 1911, había adquirido las ruinas del antiguo monasterio de Escornalbou  y desde entonces se encargó de dirigir su restauración. Allí vivió durante unos años y hoy en día, en las diferentes estancias, aún quedan muestras de las colecciones, antigüedades y obras de arte que había reunido durante sus viajes, así como su importante biblioteca personal. 

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Reconocimiento

Entre otros cargos, Eduard Toda fue elegido vicepresidente y, más tarde, presidente, de la Comisión provincial de monumentos, presidente de la Real Sociedad Arqueológica Tarraconense, miembro de la Junta de Museos de Barcelona o presidente de la Academia de Buenas Letras de Barcelona, además de recibir diversas medallas y condecoraciones por parte de los gobierno de China, Camboya, Siam, Portugal, Dinamarca y Francia.

Publicó un gran número de libros y artículos sobre historia, etnografía, arqueología, literatura y bibliografía y hizo diversas donaciones de libros y objetos valiosos. En su voluntad de proteger el patrimonio catalán, Eduard Toda dirigió también la restauración del Real Monasterio de Poblet con el objetivo de devolverle su papel de referente simbólico. Eduard Toda murió el 1841 en el Monasterio de Poblet. 

Fuentes: Amigos de la Egiptología // Gen.cat

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